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| http://www.semana.com/multimedia-nacion/desaparecen-ahi-estan-companeros-no-miedo-ana-fabricia-cordoba/4135.aspx |
¿Que diferencia puede existir entre la responsabilidad del ejercito nacional de Colombia al prestarse para cercar un area definida; en connivencia con paramilitares para que estos cometan masacres; caso particular la masacre del Salado y que exista ese mismo cerco,-invisible- entre agentes de la fuerza publica, en ciudades como Medellin y que con su connivencia los mal llamados NeoParamilitares (para dar credito al desacreditado gobierno de Uribe de hacer pantomima de desmovilizaciones) se perpetren crímenes como el de la lider de desplazados Ana Fabricia Cordoba?.
Innegable admitir que la sociedad en general, civil y militar ha sido permeada por el fenomeno del Narcoparamilitarismo; como no ver el fenómeno cuando se ha tenido un congreso con mas de la mitad de sus miembros ya sea investigados, ya destituidos por estos vínculos; pero en principio, la sociedad o sociedades civiles son en parte, directos responsables de la formación de estos grupos: ganaderos, empresarios y multinacionales. A pesar de esto, poco se habla de los vínculos de las fuerzas armadas y de policia con los narcoparamilitares. El hecho de que tengan un enemigo común en las guerrillas, no justifica que las fuerzas de la ley, con el supuesto monopolio de las armas se hagan los de la vista gorda y aun mas, en muchos casos probados, hayan sido complices de masacres, etnocidios y magnicidios. Tal vez, solo casos tan graves como el del general retirado Mario Montoya y actual embajador de Colombia en República Dominicana; han salido a la luz como lo denuncia un cable revelado por El Espectador, proveniente de la base de datos de Wikileaks (http://static.elespectador.com/especiales/2011/02/7efcd541634b86f594183e36b7199cb8/index.html); denuncia como, Montoya estaba envuelto en corrupción, narcotráfico, protección de vias para transporte de droga y trafico de armas para, en ese entonces las denominadas AUC (Autodefensas Unidas de Colombia); en zonas de alto desplazamiento de población rural y de donde Ana Fabricia fue tambien desplazada de la violencia: el departamento de Antioquia y el norte de la costa Pacífica. Quedan entonces varios interrogantes, ante estos antecedentes; ¿si el ex comandante de la Primera Brigada del Ejercito Nacional de Colombia y posteriormente Comandante General del Ejercito en el gobierno de Alvaro Uribe estaba vinculado con grupos de paramilitares y narcotraficantes (que en su defecto actúan de igual manera) es posible pensar que muchos de sus subordinados también puedan estar involucrados en actos de este tipo?, ¿A pesar del llamado de el Representante a la Camara por el Polo Ivan Cepeda, de que el actual gobierno retire a todos sus miembros diplomáticos investigados por vínculos con paramilitares y narcotráfico; por qué el General Retirado todavia representa a Colombia en su puesto de Embajador general de la República Dominicana?.
A pocos días de ser aprovada la ley de víctimas, un sicario terminó con la vida de Ana Fabricia; inmediatamente, se escucharon las voces de repudio de las comunidades desplazadas y de las organizaciones de derechos humanos. Contrario de muchas voces que dentro del gobierno, con su acento siempre acusador, repudiaron el hecho excusándolo en cierto modo, ya que Ana Fabricia, había negado el tipo de protección que el estado le prestaba. Lo cual es lógico; como pueden otorgar seguridad, entes como el policial, el cual, al parecer está también implicado en el asesinato de su hijo hace unos diez meses; incluso, se ha vinculado a la policía de ser complice en su asesinato. Y es que si en los niveles mas básicos, los encargados de proteger a la población civil plantean su rango como una opción de corrupción; no es sino ver como hurgan en retenes y quieren cualquier mordida por que faltan dos aspirinas; que se puede entonces esperar de los que son comprados y están vinculados con grupos armados ilegales como los neoparamilitares o BACRIM.
En el marasmo de violencia que vive Colombia, con sus leyes de papel poco aplicables mientras exista una guerra, narcotráfico y una disparidad social, que es una de las más grandes de Latinoamérica, asesinatos como el de Ana Fabricia, serán un sintoma sinonimo de la violencia que nos rodea por décadas. Recuerdos tenemos los colombianos desde el inicio de nuestra violencia mas reciente hasta el dia de hoy, donde se han planteado mecanismos de reparación y reconocimiento de víctimas, mientras el conflicto armado continua. Añado aquí una denuncia histórica en su momento, por reacción a nuestra violencia (así exista en el pasado, siempre será nuestra) por parte de el señor Jorge Eliécer Gaitán:
Oracion por la Paz
Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:
Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.
En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.
Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!
Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en un silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.
Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.
Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.
Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.
Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!
Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!
Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.
Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!
Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!
Jorge Eliécer Gaitán
7 de febrero de 1948 en la Manifestación del Silencio en la plaza Bolívar de Bogotá
7 de febrero de 1948 en la Manifestación del Silencio en la plaza Bolívar de Bogotá

Excelente columna.!
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