“No es bueno, compatriotas, ustedes que conocen todos los crímenes cometidos en nuestro nombre, no es realmente bueno que no digan a nadie una sola palabra, ni siquiera a su propia alma, por miedo a tener que juzgarse a sí mismos. Al principio ustedes ignoraban, quiero creerlo, luego dudaron y ahora saben, pero siguen callados. Ocho años de silencio degradan.”

J. P. Sartre

Tuesday, December 27, 2011

LA MEDIDA DE LA REACCION O LA JUSTICIA EN VACACIONES.

Tomado de: http://enajenacion.wordpress.com/2011/01/02/¿paramilitares-desmovilizados-en-colombia/


Todo parece indicar, que la desmovilización por parte del grupo armado ERPAC, va a quedar empañada por un tufillo de vacío estatal; incapacidad de la justicia y por un recuerdo indeleble de los montajes de desmovilizaciones del anterior gobierno presidido por Álvaro Uribe.
Más de doscientos cincuenta miembros de esta organización criminal y narcotraficante se desmovilizaron la víspera de navidad; sin embargo cabe señalar, que de parte del gobierno solo se ha podido observar una incapacidad tan grande que raya con la negligencia.
Si por el contrario esta banda criminal producto del paramilitarismo, los desmovilizados provinieran de un frente guerrillero cualquiera (FARC, ELN), el gobierno no solo estaría festejando, sino que se llevaría todo el crédito de tal éxito; se haría no un teatro sino un circo de operaciones, no importarían las vacaciones de fin de año; ministros, gobernadores, alcaldes, gandules, presidentes estarían presentes en la desmovilización. Los medios ictéricos de la patria estarían a ritmo de bombos y platillos haciendo titulares, se exaltarían los avances del gobierno, se mostrarían todos esos porcentajes que acaban con la guerrilla: Los ahora sí por ciento, el fin se acerca por ciento, es el fin por ciento, el fin del fin por ciento, el post-fin por ciento; y todas esas amarillas aritméticas.
Pero en cambio, las medidas de reacción ante los últimos eventos, simplemente emiten un mensaje contradictorio que solo exacerba la sensación del vacío estatal, del poder de la impunidad y de la improvisación de la justicia.
No era nuevo, que esta banda criminal se fuera a desmovilizar, declaraciones de su jefe hace algunas semanas (http://www.semana.com/nacion/vamos-someter/167751-3.aspx), daban por un hecho este proceder, así que cuando el ministro Vargas Lleras sale a decir que no ha habido un acuerdo previo querrá decir ¿que el gobierno ha ignorado este hecho tan importante para el bien de los colombianos afectados por la violencia generada por esta banda en la región del oriente colombiano?, o ¿será que el gobierno está avergonzado de como la justicia ha procedido?, ¿existirá algún pre-acuerdo debajo de la mesa que será negado rotundamente por el alto gobierno?.
Por otra parte la justicia realmente hace que Colombia se sienta orgullosa de ser el único país, donde algún individuo o grupo criminal se entrega y depone sus armas y la justicia no lo asegura o formula cargos porque según ésta, cometería un secuestro o secuestro masivo según el número de implicados. Es así como la Fiscalía General respondió ante la puesta en libertad de más de doscientos integrantes desmovilizados de esta banda criminal (http://www.semana.com/nacion/deteniamos-podiamos-incurrir-secuestro-masivo/169678-3.aspx); mientras que por mucho menos que una presunción, el gobierno ha encarcelado opositores, espiado periodistas y jueces.
La reacción de la justicia crea grandes interrogantes a cerca de este proceso de desmovilización, si es verdad que no existe un pre-acuerdo es muy extraño que se aseguren a los cabecillas y que los demás miembros (más de docientos) se dejen en libertad; hasta se escuchó la protesta generalizada por este accionar y finalmente, los organismos de justicia fueron obligados a tomar medidas para asegurar a todos los miembros desmovilizados que habían sido enviados a sus hogares.  Es también sospechoso que no se mencione por parte de sectores del gobierno o medios de comunicación, la posibilidad de que algunos de estos cabecillas sean extraditados.
La actitud del gobierno a todo nivel solo puede demostrar la gran desigualdad al momento de emitir juicios, interpretar la justicia o su accionar entre narcotraficantes, grupos paramilitares, bandas emergentes de extrema derecha, ambos vinculados con el tráfico de drogas que ha permeado el aparato estatal a todo nivel (ahí una razón para este tipo de actitud) y las guerrillas o por hacer una descripción más detallada, los grupos narcotraficantes que así se hacen llamar.
Si por algo debe propender la justicia es por la uniformidad ante él o los sujetos a los que se aplica, pero esto es mucho pedir en Colombia; cuando por las fiestas de fin de año se mandan a los criminales a sus casas, hasta que por azar algún día del año venidero la justicia comience.
Corridos más de doscientos años de vida republicana, todavía queda la sensación de que la justicia, no ha podido comenzar todavía.

Wednesday, December 14, 2011

Notaría, ¿Notaría?







Definitivamente cuando uno sobrevive la historia de Colombia en los últimos tres períodos presidenciales, no hay frase más unánime para definir en su conjunto a estos que la atribuida a K. Marx cuando parafraseando a Hegel dice: "La historia se repite a sí misma, primero como tragedia y luego como farsa"; Luego agregaría Herbert Marcuse: "Algunas veces, la repetición en forma de farsa, puede ser más terrible que la tragedia original".
Hace ya más de un lustro, los colombianos fuimos testigos de como, para ser aprobada la reelección presidencial en el Congreso de la República, se compraron conciencias, se cometieron cohechos, se repartieron notarías como favores políticos a cambio de votos para que esta iniciativa fuera aprobada.  Uno de los casos más conocidos fue el del ex representante Teodolino Avedaño.
Tal como lo expuso la revista Semana: “Tras la condena a los ex representantes Teodolino Avendaño y Yidis Medina por haber recibido prebendas a cambio de su voto favorable al proyecto de reelección se destapó el caso de la feria de las notarías. Éstas presuntamente fueron entregadas por el Gobierno como “forma de pago” a los congresistas.

En el proceso, el testigo clave fue el propio ex Súper Intendente de Notariado y Registro Manuel Cuello Baute, quien con documentos en mano, entregó una relación de los políticos que posiblemente fueron beneficiados con la entrega de las notarías a cambio de su voto favorable al proyecto de reelección que abrió la puerta para que Álvaro Uribe se presentara a las elecciones de 2006”
. http://www.semana.com/wf_ImprimirArticulo.aspx?IdArt=139017 Y : “El ex superintendente de Notariado y Registro le confesó a la Corte Suprema cómo se entregaron más de 30 notarías para pasar la reelección”. http://www.semana.com/politica/ventilador-notarias/125628-3.aspx
Una vez aprobada ilegalmente la reelección presidencial es posible decir que aunada a los ya trágicos primeros cuatro años en la presidencia del ahora expresidente Álvaro Uribe Velez, la historia se repetiría una vez más fuera de la legitimidad legal como farsa.
Esta farsa o ilegalidad corroborada por la Corte Suprema de Justicia, no impidió que el elegido por un cuatrienio más a la presidencia de la república cumpliera el termino de la misma, e incluso que promoviera un referendo para -una vez más- ser elegido por un tercer período presidencial, algo así como la repetición de la farsa dentro de la farsa.
Ante el fallo negativo a una tercera reelección presidencial, el nuevo presidente de Colombia sería Juan Manuel Santos.   Una de las más recientes iniciativas de su gobierno es la reforma a la justicia; donde las notarías vuelven a ser protagonistas en la historia del país.  En este caso particular se les enmarca en la modificación a la Constitución Política numeral cuarto del TEXTO APROBADO POR LA COMISION PRIMERA DEL H. SENADO DE LA REPUBLICA PROYECTO DE ACTO LEGISLATIVO N° 07 DE 2011 DE SENADO: 
ARTÍCULO 4°.  El artículo 116 de la Constitución Política quedará así:
Artículo 116. La Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura, la Fiscalía General de la Nación, los Tribunales y los jueces, administran justicia. También lo hace la Justicia Penal Militar.
La ley podrá atribuir función jurisdiccional en materias precisas a determinados empleados judiciales, salvo recaudar pruebas, proferir sentencias o decisiones que pongan fin a los procesos.
El Congreso ejercerá determinadas funciones judiciales.
La ley podrá atribuir, excepcionalmente y a prevención, función jurisdiccional en materias precisas a determinadas autoridades administrativas de carácter técnico. Las decisiones que le pongan fin a estas actuaciones serán apelables ante las autoridades judiciales, salvo las excepciones previstas en la ley. Sin embargo, no les será permitido juzgar delitos.
Los particulares pueden ser investidos transitoriamente de la función de administrar justicia en la condición de jurados en las causas criminales, conciliadores o en la de árbitros habilitados por la ley o por las partes para proferir fallos en derecho o en equidad, en los términos que determine la ley.
De manera excepcional, la ley podrá conferir funciones jurisdiccionales a notarios, centros de arbitraje y/o conciliación.
Teniendo como antecedentes el uso de las notarías como herramienta ilegal por parte del ejecutivo, para comprar votos en el Congreso que garanticen la aprobación de sus iniciativas legislativas; existen otros dos puntos fundamentales, por los cuales no se les debería investir a éstas con funciones jurisdiccionales: la legalización del despojo de tierras en todo el país y el riesgo de que los actores que impartan justicia pertenezcan a sectores privados que no garanticen el mandato de la Constitución Política de Colombia, en el sentido de que todo ciudadano tiene derecho a ser escuchado en instancias jurídicas y a un juez; investir como jueces a terceros es  deslegitimar el trabajo de los miembros judiciales y privatizar la justicia.
Despojo de Tierras.
El martes trece de diciembre fue aprobado por la Cámara de Representantes, el artículo que confiere funciones jurisdiccionales a los notarios; esto se traduce en más poder para muchos que están involucrados con el despojo de la tierra en el país.  Se calcula según las cifras oficiales el robo de más de medio millón de hectáreas de tierra. Las que fueron legalizadas a través de notarias.  Como consecuencia de estos actos, miles de campesinos y legítimos dueños de la tierra se convirtieron en desplazados por la violencia, ya que grupos armados ilegales como los paramilitares, fueron los encargados de desplazar a los dueños de las tierras para que éstos mismos grupos o empresas privadas y multinacionales pudieran luego hacerse a los títulos de las tierras, lo que se hizo con el concurso de notarios que fueron sobornados o estaban vinculados con grupos paramilitares, que como el resto de instituciones públicas y privadas fueron permeadas por este fenómeno en todo el país, incluido entre ellas el Congreso de la República.
En declaraciones a los medios,“El Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo Salazar aseguró que mediante prácticas fraudulentas y en la penumbra de las notarias y oficinas de registro del Estado delincuentes le robaron al Estado Colombiano miles de hectáreas de tierras”. (http://www.caracol1260.com/noticia/el-despojo-ilegal-de-tierras-afecta-a-todo-el-pais-minagricultura/20110826/nota/1537602.aspx).  También el Súper Intendente de Notariado y Registro habla sobre las investigaciones que se adelantan sobre este aspecto: (http://www.youtube.com/watch?v=EvqPu5AXvi0).  Así que, en el ejemplo hipotético, en el que un notario con facultades de juez esté frente a un caso de disputa por tierras, ¿tendrá este, la investidura legal frente a los antecedentes expuestos?; y es aquí donde la repetición en forma de farsa, va a llegar a ser con todo el apoyo del Estado más terrible que la tragedia original.
La Privatización Inconstitucional de la Justicia.
El argumento del ejecutivo para introducir este cambio constitucional que confiere funciones jurisdiccionales a los notarios se debe a la gran congestión en que se encuentra el sistema judicial; si bien la reforma a la justicia incrementa el presupuesto en un dos por ciento más que la inflación y se tiene destinado un billón de pesos que será asignado a esta rama durante los próximos cinco años, a los casos existentes ya acumulados se aúnan la gran cantidad de otros, producto del conflicto armado, iniciativas como la ley de justicia y paz y la enorme corrupción administrativa de los anteriores dos periodos presidenciales de Álvaro Uribe Velez. Tragedia y farsa respectivamente.
Este argumento a todas luces va en contra de la Constitución y convenios internacionales, ya que el servicio que prestan las notarias está motivado por el animo de lucro, mientras la justicia es un derecho constitucional de cada ciudadano.  Además, los gastos de operación de los notarios para impartir justicia serían cubiertos por el Estado, como lo cuestiona Maria Del Pilar Arango: “¿Implicará la reforma que el Estado destine recursos para adecuar y dotar las instalaciones donde los notarios atenderán a los usuarios? ¿Por qué esos recursos no se destinan a contratar personal capacitado para la administración de justicia?”. También agrega: “Ante la gigantesca congestión en los juzgados, se propone trasladar los casos a notarios y abogados para que decidan en primera y única instancia. Esta fórmula peregrina y pseudocreativa en realidad es injusta, regresiva, inconveniente, contraria a los tratados internacionales…y además es inútil. No hay otra solución que contratar más jueces”. ( http://razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/2614-la-congestion-judicial-pretexto-para-privatizar-la-justicia-.html).  No es claro el mecanismo de selección o financiación económico con el que contará el Estado para hacer posible que esta gestión jurisdiccional se realice.
Para finalizar, Así como lo ha dicho el presidente de la república en varias de las iniciativas que ha impulsado en su gobierno -como la ley de víctimas-, dando a entender que lo que persigue el Estado y su gobierno es aplicar justicia, reparar a las víctimas y que los delitos no queden en la impunidad; reformas como esta que impulsa su gobierno son todo lo contrario a estas declaraciones. Ejemplo de esto son las personas a las que se quiere adjudicar esta función de jueces que en muchos casos no son idóneas, no solo por su falta de experiencia en la rama judicial como por los antecedentes de corrupción que los comprometen para investirlos con tan delicada función.  Casi se podria decir que la restitución de tierras que promueve la ley de víctimas la contradice la reforma a la justicia, cuando los directos responsables de legalizar el despojo de tierras, se les pretende dar funciones jurisdiccionales, lo que se traduce en más poder para estos últimos.
Esta reforma a la justicia en términos generales, pareciera que persigue la privatización de la misma, cuando usa terceros para descongestionar los juzgados, impunidad para miembros de las Fuerzas Armadas y de Policía que hayan cometido crímenes, ampliando el fuero militar y permite que funcionarios encargados de vigilar y supervisar al Estado y sus organismos, sean solo elegidos por el Congreso sin la intervención de las altas cortes, lo que implica que el ejecutivo tenga siempre la posibilidad de proponer ternas para Procurador General o Contralor, no por méritos ni calidades, sino que sea una elección nepótica y partidista.
En fin, no puede uno más que pensar cuando se analizan estas iniciativas que enmiendan la Constitución y van en contra de todo principio ético, que en gran medida Herbert Marcuse tenia la razón: “Algunas veces, la repetición en forma de farsa, puede ser más terrible que la tragedia original”, y eso, es lo que los colombianos estamos descubriendo con Juan Manuel Santos.

Thursday, December 8, 2011

UN JUGADOR DE PÓKER HACIENDO CARAMBOLAS





En su camino hacia la gloria, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, necesariamente tiene que beneficiar al estamento castrense con todo tipo de beneficios ante la ley.  
Pero, ¿cómo se consigue la gloria?: Alcanzando la paz, o cierta paz, que signifique un proceso de diálogo o desmovilización con las guerrillas u otros actores violentos que el gobierno trata de desconocer como tal; esa relativa paz, se  daría en la medida en que los violentos, enmarcados en una dialéctica del conflicto armado se desmovilicen; más no implica que exista una paz verdadera, ya que, estos grupos se autofinancian con el narcotráfico; y mientras este, sea un negocio ilegal no se podrá hablar de una paz duradera. 
¿Por qué,  se tiene que beneficiar con prebendas legales a las Fuerzas Armadas y de Policía?: durante décadas de conflicto interno, las Fuerzas Armadas en Colombia han tenido un papel protagónico como instrumento del poder plutocrático o económico/hegemónico, siendo utilizadas por la clase dirigente para forzar la balanza política en el país, como sucedió durante la lucha partidista en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo XX, la lucha contra el narcotráfico cuando este existía  con carteles bien definidos, la lucha contra las guerrillas desde los años sesenta y en nuestra historia reciente, esa misma lucha contra el narcotráfico del que hacen partes las guerrillas y los grupos paramilitares hoy llamados también bandas criminales o BACRIM. 
Las Fuerzas Armadas y de Policía hacen parte de una historia, al servicio de grupos de poder; donde el gobierno legítimo no ha poseído ni posee hoy día su exclusividad, como se ha corroborado,  cuando estas han sido cómplices con grupos paramilitares o narcotraficantes y han marcado la historia de Colombia de sangre e impunidad; ejemplos representativos de estos trágicos eventos son: la masacre de las bananeras en 1928, la retoma del palacio de Justicia,  su complicidad en decenas de masacres como El Salado, Bojayá, La Rochela o las ejecuciones extrajudiciales conocidas como falsos positivos, por mencionar algunos casos de la historia nacional, en los que, las Fuerzas Armadas abusaron de su poder para perpetrar o ser cómplices de violaciones a la ley,  a la Constitución, a el derecho internacional humanitario y los derechos humanos.
Este incremento en actores armados y del negocio del narcotráfico, va de la mano con la creciente disparidad social, que ha ampliado la brecha entre ricos y pobres y que hoy tiene a uno de cada dos colombianos en la pobreza; una taza de informalidad laboral de más del cincuenta por ciento, unos servicios de salud y educación cada día más precarios; lo que en el contexto Latinoamericano ubica a Colombia como uno de los países con más desigualdad social. 
Estos factores sociales y criminales han hecho que  las Fuerzas Armadas y de Policía, se fortalezcan y logren un presupuesto suntuario (el segundo país que destina el mayor porcentaje del PIB en América Latina después de Brasil),  que equivale, a que los llamados por el nacionalismo héroes de la patria, sean los menos interesados en la paz, por el gran flujo de fondos. Se debe enfatizar en que los beneficios que se daría a los militares, como la ampliación del fuero militar, si bien no tienen como objetivo la impunidad, no son los mecanismos ideales para que se investigue y juzgue su participación en crímenes y su apoyo a grupos paramilitares y de narcotráfico; vale la pena hacer el símil entre congresistas vinculados a estos grupos (parapolíticos) que por medio de votos, prebendas o ayuda financiera, lo hacían desde su curul, y militares que lo hacen desde sus insignias con soles.
Es así, como nuestro jugador de Póker pretende hacer una carambola modificando la Constitución, las leyes y así, comprar la voluntad de las Fuerzas Militares y de Policía para intentar una salida negociada al conflicto (recordar como él mismo lo ha dicho en varias ocasiones: que es él, quien tiene la llave de la paz en su bolsillo).  Esto se traduce en tres puntos:
  • Proyecto de Justicia transicional, propuesto en acto legislativo por el Senador Roy Barreras, que modifica el artículo 122 de la Constitución, y que permitiría a reinsertados de un proceso de paz con el gobierno, ocupar puestos públicos; e incluye un articulado que comprende la desmovilización de grupos violentos; no solo propone un marco completamente abstracto de instrumentos jurídicos o no, en el caso de un proceso de desmovilización, donde: “se podrá ordenar la renuncia a la persecución penal”, para citar un ejemplo concreto; peor aún, que prácticamente promueve la impunidad a priori, de un acuerdo previo a un acuerdo humanitario (para llamarlo por su nombre técnico) y más allá a una negociación valida y real que termine en una desmovilización de actores armados.  Un marco tan amplio puede llevar a la creación de instrumentos jurídicos, que exculpen de responsabilidad  a las partes, entre estas, las Fuerzas Militares y de Policía; creando impunidad y haciendo mucho más difícil la consecución de la verdad y reparación de las víctimas.  O como lo resume Michael Reed Hurtado (http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/2436-el-nuevo-marco-juridico-para-la-paz-una-propuesta-inconveniente.html) : “La propuesta de reforma convierte a la administración de justicia en un bien transable políticamente. Pone en evidencia, para los actores armados, que a lo que hay que temer (o persuadir) no es a la justicia, sino al Congreso.  Triste arreglo que, antes de una eventual negociación con las partes en conflicto, quede claro que el poder que tiene la llave de su futuro es el político y, de antemano, se esté mandando el mensaje de que la justicia no vale, porque todo será negociable, al fin de cuentas”.
  • Ley de Justicia y Paz.  uno de los mejores ejemplos de cómo una ley de justicia transicional es aplicada con falencias graves, sin permitir lograr la verdad y otorgar reparaciones adecuadas, entre otras razones por la extradición de los principales miembros desmovilizados que se habían acogido a esta ley (sin previo fallo judicial por parte de la corte); limitando o anulando la posibilidad de que se conozcan los crímenes perpetrados por estos y las organizaciones de las que eran jefes.  Por otra parte, esta ley (ley 975 de 2005), solo cobija a integrantes de grupos desmovilizados antes del 25 de julio del 2005; lo que tiene  gran impacto en la justicia ordinaria, por cuanto muchos paramilitares, se  desmovilizaron después de esa fecha, o confesaron crímenes después del marco temporal que dicta la ley; aumentando el número de casos para la justicia ordinaria.
Previamente, cuando se comenzó a observar este fenómeno, el entonces ministro del interior Fabio Valencia Cossio, envió una modificaron a la ley para que se pudieran acoger individuos que hubieran delinquido después del 25 de julio del 2005, propuesta que fue negada por la  Corte Suprema de Justicia.  Hoy, ante la gran cantidad de casos, la fiscal general Viviane Morales ha sometido a consideración una reforma a la ley para que se amplíe el límite estipulado para quienes han cometido  delitos; además, plantea que se reduzca el número de sesiones para que los victimarios sean escuchados y  se puedan  dictar fallos para conjuntos de personas acogidas a esa ley.  Es este, un ejemplo demostrativo de cómo, porque  exista una herramienta de justicia transicional como la ley de justicia y paz, no significa que pueda emplearse sin unas condiciones preestablecidas y serias en el momento de que exista, o haya existido, una mesa de diálogo entre las partes; y si bien, una ley de esta naturaleza debe facultarse con cierta flexibilidad, su modificación, no debe responder a un colapso por el número de casos en el sistema ordinario judicial; no se trata solo de evacuarlos, sino que, debe darse un equilibrio entre los beneficios que una ley de esta naturaleza ofrece, y la persecución de la verdad y la reparación de las víctimas.  El hecho de entender esta ley como única herramienta para reducir la congestión judicial implica impunidad.  Se ha especulado que esta herramienta de justicia transicional en un eventual proceso de paz, sería incluyente para todas las partes, incluidas las Fuerzas Armadas y de Policía.
  • La reforma a la Justicia.  Esta es, tal vez una de las concesiones más grandes que se  da a las Fuerzas Militares y de Policía, ya que amplía el fuero militar lo que significa que los crímenes cometidos por ellos serán juzgados por cortes militares, integradas por miembros de la fuerza pública, retirados o en servicio activo.  Es claro el retroceso al expandir el fuero militar, no solo a la Constitución de 1991, sino que va en contradicción de las leyes de organismos internacionales de los cuales Colombia hace parte, que establecen que los crímenes de lesa humanidad deben ser juzgados por cortes civiles.  Como ya se dijo, el protagonismo de los militares durante la historia del país ha implicado también una gran cantidad de crímenes por parte de la fuerza pública.
Para mencionar varios ejemplos recientes de este accionar criminal por parte de las Fuerzas Armadas y de Policía tenemos el de las ejecuciones extrajudiciales, llamadas falsos positivos.  Tal vez el más representativo de todos los que se mencionan en este texto, porque las Fuerzas legítimas del orden se valieron de mentiras, secuestro o desaparición forzada, de miles (hasta ahora unos 3000 casos) de civiles que, fueron torturados, asesinados y posteriormente presentados a las autoridades y al país entero como bajas producidas a la guerrilla. Hechos que en parte fueron motivados por los incentivos económicos, vacaciones y promesas de ascenso dentro del estamento castrense en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.  Este caso en particular, (que se puede comparar fácilmente con la cantidad de muertes provocadas por la represión hoy día en Siria o por la cantidad de personas asesinadas en Libia, antes de que la ONU tomara medidas y la OTAN interviniera militarmente), la justicia penal militar no ha hecho sino validar la impunidad; si bien se han producido condenas, son penalmente irrisorias, con  carácter solo punitivo para los subordinados de la fuerza de menor rango. 
Otro caso dramático anterior a los “falsos positivos”, es el de la masacre de La Rochela, donde fueron asesinados doce miembros de una comisión judicial por parte de paramilitares y con la connivencia del Ejército lo, que generó la obstrucción a la justicia desde la toma de pruebas, el debido proceso y el libre accionar judicial.  Algunos apartes que describen lo sucedido se encuentran en: La Rochela. Memorias de un Crimen Contra la Justicia. Informe del grupo de memoria histórica de la comisión nacional de reparación y reconciliación.
“La construcción del modelo paramilitar colombiano, particularmente respecto de otros actores armados, y dada la naturaleza de sus vínculos incluso con aparatos del Estado, contempla como una parte sustantiva de su acción el ocultamiento de la autoría de muchos de sus crímenes, utilizando, entre otros mecanismos, el convertir lo sucedido en invisible”.
“Lo que en un principio se evidenció como una masacre contra el Estado y su institucionalidad judicial, ante la comprobada participación de miembros de la Fuerza Pública en el andamiaje criminal, resultó ser, además, una Masacre del Estado contra el Estado.  Víctimas y victimarios en este caso son parte del Estado”.
Otros dos ejemplos en los que la justicia Penal Militar ha sido concomitante con la impunidad son los del joven Diego Felipe Becerra, grafitero asesinado por un miembro de la Policía Nacional en Bogotá, y el de tres menores que habrían sido abusados sexualmente y asesinados por un oficial del Ejército Nacional en Arauca; en ambos casos los miembros de la Fuerza Pública, manipularon pruebas y versiones, y la justicia Penal Militar ha dilatado los casos, o desviado la atención del público y la justicia ordinaria, sin que por ahora exista más que la sensación de impunidad.
Casos como estos,  desvirtúan y empañan de vergüenza la labor de la Fuerza Pública, la cual ha tenido la responsabilidad de combatir en diferentes frentes contra actores criminales como las guerrillas, los paramilitares, el narcotráfico y la delincuencia común, durante un largo periodo de nuestra historia; particularmente en las últimas cinco décadas de conflicto interno en Colombia.  Esa responsabilidad y ardua tarea, no se puede traducir en violaciones a las leyes colombianas e internacionales. El estamento castrense tiene la difícil misión de luchar por la soberanía, el respeto a la constitución, las leyes y  la justicia.
Para lograr la reconciliación nacional y la paz, no solo se necesitan herramientas jurídicas que permitan la desmovilización y reinserción de los violentos; como también la voluntad política y una legítima disposición de las Fuerzas Armadas y de Policía a contribuir con esta, sin que ello, implique impunidad; diferente es esto de que para lograr la gloria que el actual presidente de Colombia persigue, se compren voluntades especialmente en el estamento castrense con impunidad.  Una gloria así, solo puede significar la perpetuidad de nuestra tragedia.