![]() |
Pareciera que existe la idea en muchos, que al término de unos acuerdos en La Habana, o ya sea por ellos, solo se podrían legitimar si existe un castigo, condena o vía punible. A diferencia de lo que sucede, en las guerras (civiles, invasiones, etc.) los perdedores son en la mayoría de los casos enjuiciados; ejemplo de ello es Nuremberg, donde Alemania fue derrotada por los aliados y parte de los mandos militares de alto rango fueron juzgados y sentenciados a muerte; lo mismo sucedió en Irak (no necesariamente la guerra existe como justicia) y ha sucedido muchas veces en la historia. En nuestro caso particular de ningún lado se ha ganado la guerra, por más de cinco décadas existe una confrontación histórica, nacida dentro del mismo Estado colombiano que llevo a una guerra partidista mutando durante el tiempo hasta nuestros días. Hoy esto es lo que existe, y si se han dado los pasos y las voluntades para negociar, ese ejercicio solo se puede llevar a cabo con concesiones de ambas partes; la misma historia ha visto como -para poner un ejemplo más- Mandela en Sudáfrica no fue re-encarcelado después de que se negociaran los acuerdos de paz y su rebeldía y movilización contra el régimen racista Boer no fue siempre pacífico; incluso hubo una gran reconciliación en medio de condiciones de pobreza vergonzantes. Los colombianos no nos vamos a tener que tragar muchos sapos como a menudo lo comentan y simplifican esa forma de tener que aceptar ignominias, pero si vamos a tener que crear una conciencia de que de parte y parte se ha causado un daño profundo a la sociedad, ese daño que desea tantas veces la venganza, tantas veces el mal, tantas veces el daño inhibitorio de la voluntad de respetar las diferencias (en todo sentido).
Es posible que nosotros como sociedad, podamos llegar a una cierta madurez que signifique ver a guerrilleros haciendo política a nivel local y nacional. Muchas veces ponderamos el daño que nos han hecho solamente por el abuso de la dialéctica de quien ostenta el poder, o lo trasmite, en nuestro caso proviene de la misma raíz. Así, juzgamos mucho menor a (y esta es otra prueba de nuestro lenguaje en eufemismos) los falsos positivos: doctrina del Estado donde se asesinaron sistemáticamente miles de personas, muchas más que, tal vez las asesinadas por la guerrilla en el mismo periodo de tiempo. Ambas inexcusables pero ponderadas por la opinión de los intereses creados.
La guerra continuará después de un proceso exitoso con las FARC, continuará porque la disparidad social va a entregar a los niños y hombres a la delincuencia, al mercado de la rentabilidad: drogas, trata, contrabando, extorsión, etc. Pero al menos nuestra tragedia será menos difícil de sobrellevar porque no podrá ya existir la manipulación de los bandos, simplemente se va a decidir (probablemente en Estados Unidos) como será y contra que, la guerra en la que seguiremos; pero esta vez la dialéctica nos va a salvar, seremos una sociedad llevada a luchar contra un enemigo que nos va a dividir mucho menos, no le regalará el oportunismo y la ventaja de las manipulaciones a los de siempre para que abusen de nosotros, el pueblo, una y otra vez. La lucha, como siempre va a ser atroz, la violencia va a reinar en nuestra incertidumbre; pero en la zozobra, nosotros, colombianos, vamos a estar menos divididos, menos reaccionarios porque partimos en nuestro destino violento contra o hacia un objetivo menos divisor, mucho más peligroso, engendro que necesariamente va a demostrar que el bienestar y la disparidad social es parte fundamental de esa misma guerra, que la lucha contra las drogas esta perdida si no se legaliza su producción, si no se controla su mercadeo; hoy existen voces progresistas en ese sentido, seguirán creciendo mientras nuestra pila de muertos que carga nuestra conciencia generacional se reproduce...hasta la esperanza.

No comments:
Post a Comment